Más allá de la técnica: lo que aprendimos cuando las humanidades se sentaron con la empresa
Hubo un momento, cerca del final de la velada, en que una estudiante de humanidades se puso de pie y, con voz temblorosa pero firme, preguntó lo que muchos en la sala pensaban: "¿Cómo llegamos a vosotros? Porque en muchos sitios nos dicen que no podemos." El silencio que siguió lo dijo todo. Y también la respuesta unánime de los ponentes: no es miedo lo que siente la empresa hacia el humanista. Es desconocimiento.
El pasado enero, The Human Element co-organizó junto con la Facultat d'Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra el primer encuentro del ciclo Humanidades Aplicadas, "Más allá de la técnica: las humanidades como motor del talento". La sala del campus de la Ciutadella se llenó de estudiantes, profesionales de recursos humanos, investigadores y líderes empresariales que compartieron sus experiencias, inquietudes y su visión sobre el futuro del talento.
La pregunta que Picasso ya había respondido
Jordi Arrufi, Head of Digital Talent (MWCapital)
Uno de los ponentes, Jordi Arrufi, abrió una de las conversaciones más reveladoras de la noche citando el informe de competencias del siglo XXI del World Economic Forum, cuyo subtítulo era Human-Centric Skills. El argumento era claro: en un mercado laboral donde la automatización y la IA eliminarán tareas rutinarias, las capacidades que nos diferencian de las máquinas son precisamente las que se cultivan en las humanidades, pensamiento crítico, razonamiento ético, capacidad de contextualizar, de hacer las preguntas correctas.
"El ordenador es inútil porque solo da respuestas." La frase, atribuida a Picasso en los años sesenta, resonó en la sala con una vigencia sorprendente. La inteligencia artificial puede responder, pero no preguntar. Puede ejecutar, pero no interpretar. Y en un entorno empresarial donde el 47% de los responsables de desarrollo del liderazgo señalan la inteligencia emocional y social como la capacidad más crítica del momento — incluso por encima de 2024 — la brecha entre lo que las empresas necesitan y lo que contratan se hace más evidente.
El sesgo de contratación que nadie nombra
Jordi Arrufi lo puso sobre la mesa sin rodeos: durante años, los departamentos de RRHH solo fichaban a ingenieros y graduados en ADE, de universidades concretas. El resto, invisible. Alfonso Bustos, psicólogo y director de transformación digital en Ricoh, añadió otra capa: ese filtro no es necesariamente hostilidad hacia las humanidades, sino un sesgo estructural que las propias organizaciones empiezan a cuestionar.
Alfonso Bustos P.h.D., Head of Academy, Ricoh Europe
El cambio está llegando, aunque despacio. Firmas como BlackRock y Goldman Sachs — mencionadas durante el coloquio por un asistente que había asistido a un foro de directivos el día anterior — han comenzado a revisar sus políticas de contratación, detectando que años de contratar perfiles técnicos homogéneos habían creado lo que llamaron una unique mind: equipos que piensan igual, que no se cuestionan, que no tienen la capacidad de ver lo que AI uniformiza. El antídoto, según ellos, son los perfiles de liberal arts. Lo que en Europa llamamos humanidades.
Gartner lo refuerza con datos: el 61% de los líderes de talento reconoce que las demandas sobre sus funciones superan su capacidad de respuesta, y una de las brechas más críticas es precisamente la falta de agilidad estratégica y pensamiento complejo en los equipos de liderazgo.
Identidad, propósito y la pregunta de por qué trabajamos
Ana Palantéoni, moderadora de la noche, lanzó una pregunta que pareció incómoda al principio: "¿Por qué trabajamos?" Las respuestas de los ponentes construyeron, sin quererlo, un manifiesto.
Ana Palantéoni, Redactora jefa de EL PAÍS en Barcelona
Para Alfonso Bustos, el trabajo es un proceso identitario. No solo un intercambio económico, sino el espacio donde seguimos construyendo quiénes somos, una identidad que ya no es sólida, como en el siglo pasado, sino líquida, formada en los distintos entornos donde nos relacionamos. Para Jordi, que pasó de optimizar el EBITDA a trabajar para una fundación de impacto social, la respuesta fue más personal: "Trabajo para generar impacto. Y también para pagar la hipoteca. Sigo entre las dos generaciones."
El caso de Ricoh que compartió Alfonso fue quizás el más revelador de la velada. Cuando la empresa le invitó a liderar su transformación digital, no empezaron por la tecnología. Empezaron por la identidad digital de sus empleados, sus miedos, sus formas de relacionarse, su disposición a mirarse a los ojos. El proyecto funcionó. Y cuando llegó la pandemia como prueba de estrés definitiva, el CEO de Ricoh le llamó para decirle: "¿Crees que tu equipo ha transformado su identidad?" La respuesta fue sí. Y sobrevivieron. El mensaje que dio cohesión a todo el proceso no fue un OKR ni una estrategia de negocio. Fue: "que nadie se quede atrás".
Gallup estima que el bajo compromiso de los empleados cuesta a la economía global 8,9 billones de dólares, equivalente al 9% del PIB mundial. No es un problema de herramientas. Es un problema de conexión humana.
El humanista en la empresa: el maratonista que llega
Núria F. Rius, Coordinadora de Promoció, Ocupabilitat i Relacions Institucionals Facultat d’Humanitats
Nuria Rius, de la Facultat d'Humanitats de la UPF, aportó algo que pocas veces se dice en los debates sobre empleabilidad: los graduados en humanidades tienen una trayectoria diferente, no inferior. Empiezan más despacio en términos salariales, sí. Pero su capacidad para moverse entre disciplinas, mediar entre departamentos, conectar contextos distintos y asumir posiciones de liderazgo con visión de largo plazo les da una curva ascendente que supera a perfiles más lineales.
Lo que la UPF está haciendo al respecto tiene mucho de sentido común: no reformar el núcleo humanístico en favor de lo técnico, eso sería, como dijo Nuria, "caer en la tentación", sino abrir optativas hacia economía, comunicación y empresa, y reforzar la conciencia del estudiante sobre su propia trayectoria. Porque como señaló Alfonso, las organizaciones ya no contratan trayectorias lineales. Contratan decisiones, liderazgo en contexto, capacidad de adaptación. Y eso es exactamente lo que entrena una carrera de humanidades.
El Harvard Business Impact Global Study de 2025 lo confirma: el 47% de los responsables de desarrollo del liderazgo señala la inteligencia emocional como la capacidad más crítica del momento, y el 46% destaca la urgencia de preparar a los líderes para acompañar a sus equipos durante procesos de transformación.
Son habilidades que no se aprenden en un bootcamp.
Este encuentro fue el primero de Humanidades Aplicadas, un ciclo de conversaciones impulsado conjuntamente por la Facultat d'Humanitats de la Universitat Pompeu Fabra y the Human Element.
Una iniciativa que nació con una pregunta sencilla y urgente: ¿cómo ponemos el pensamiento humanístico donde más falta hace?
La respuesta, por ahora, es seguir preguntando.